PARROQUIA SAN SEBASTIÁN DE POZOBLANCO

viernes, 23 de septiembre de 2016

Blas Sánchez Villarejo: me voy al seminario con ganas e ilusión, tranquilo, confiando en que el Señor, que va muy por delante de mí, me irá mostrando el camino que he de seguir

Mi nombre es . Tengo 22 años, soy el octavo de nueve hermanos y pertenezco a la parroquia de San Sebastián.
El pasado 1 de agosto, después de la peregrinación de Cracovia, en la que íbamos al encuentro con el Papa Francisco, los jóvenes del Camino Neocatecumenal tuvimos otro encuentro con su fundador, Kiko Argüello, y el Padre Mario Pezzi. Dicho encuentro es vocacional, es decir, que aquellos jóvenes que sienten la llamada de Dios para ponerse al servicio de la Iglesia, ya sea como sacerdotes, religiosos o religiosas o para evangelizar en cualquier parte del mundo, se ofrecen para participar de esta misión.
En ese momento, yo me ofrecí. Hacía dos semanas que había terminado la carrera y vi cómo el plan de estudios que tenía programado para el próximo año se venía abajo. Desde hacía tiempo, cada vez que se hacían estas llamadas vocacionales, yo sentía inquietud, pero mis proyectos de vida me impedían que le prestara atención. Llevaba tiempo intentado descubrir qué era lo que Dios quería de mí y le pedía que me lo mostrara. Contemplé en esta peregrinación que el Señor, a través de los acontecimientos de mi historia y de mi situación actual, me respondía a esta incógnita: quería que me entregara totalmente a Él; quería que dejara toda mi vida a un lado para ponerme a su entera disposición. Y así lo hice. No por mérito mío, pues al pensar en lo que vendría después, sentía pánico, ya que sabía que desde ese momento sería Dios el que guiara mi camino y tendría que renunciar a ciertas cosas, a las cuales tenía mucho apego.
Cuando me ofrecí, no tenía claro para qué era concretamente. Sin embargo, se me quedó grabado aquello que me dijo una hermana: "Tú has dicho 'sí' al Señor; ahora Él te mostrará claramente cuál es tu misión". Y así ha sido: en estas semanas que ya han transcurrido, he visto claro que Dios me pide que haga una experiencia en un seminario. Han sido unas semanas en las que el Señor me ha concedido la gracia de poder estar realmente feliz y, a la vez, tranquilo, sin tener ni idea de qué sería mi vida de ese momento a dos semanas. Pero sabía que estaba en manos de Dios y que me cuidaría.
Después de varios encuentros con sacerdotes y catequistas, voy a iniciar esta experiencia en el seminario Redemptoris Mater de Córdoba. El próximo 26 de septiembre empezamos el curso y lo hago con ganas e ilusión, tranquilo, confiando en que el Señor, que va muy por delante de mí, me irá mostrando el camino que he de seguir. No sé si acabaré siendo sacerdote o no, es un largo camino el que aún queda para eso. Pero Dios me pide que viva el día a día, en el presente, y Él ya me mostrará cuál es mi misión.

Aprovecho la ocasión para pediros que recéis por mí, para que el Señor me conceda en este tiempo la humildad del corazón, la alegría y el discernimiento.

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